¿Y si nos damos un beso?

17 septiembre de 2026

Una besatón en AIDS 2026 abrió la conversación sobre nuevas formas para hablar de sexualidad.

Por: Christian Jiménez – Director de Comunicaciones

Es agosto y en Río de Janeiro hace calor. Mucho. Pero esa tarde, la humedad y el bochorno no parecen importarle a nadie.

Hay música, banderas, celulares levantados y gente que se acerca mientras intenta entender exactamente qué está pasando en Riocentro. Algunos vienen acompañados, otros buscan con la mirada. Unos se ríen, otros esperan.

La instrucción es sencilla: hay que besarse. Y entonces ocurre.

Dos hombres se besan. Luego, uno más se les une y ahora son tres. Una pareja se abraza antes de acercar los labios. Alguien grita emocionado, alguien aplaude, alguien aprovecha para grabar. Hay besos rápidos y otros que parecen olvidarse, por unos segundos, de que alrededor hay decenas de personas mirando.

Es una besatón que sucede en el marco de AIDS 2026, una de las conferencias internacionales más importantes sobre VIH en el mundo. Y quizá por eso, para algunos, la escena resulta extraña.

¿Qué hace una besatón en una conferencia sobre VIH?

La pregunta no es tan descabellada. Todavía hay quienes creen que un beso puede ser peligroso y que la cercanía de dos cuerpos (o más) puede representar un peligro inminente. Durante mucho tiempo, hablar de VIH significó también aprender a reconocer los riesgos, entender cómo se transmitía el virus y saber cómo prevenirlo. Y había que hacerlo.

En los primeros años de la epidemia, cuando no existían los tratamientos que conocemos hoy y el VIH podía tener consecuencias devastadoras, la comunicación tenía una tarea urgente: alertar. Había que hablar del riesgo, explicar las formas de transmisión, promover el uso del condón, incentivar las pruebas y conseguir que las personas conocieran las herramientas disponibles para proteger su salud.

La alerta fue necesaria. El miedo, en muchos momentos, también fue parte de esa conversación. Pero las formas cambian cuando cambia aquello de lo que estamos hablando. Y el mundo del VIH cambió. La ciencia desarrolló tratamientos cada vez más efectivos y aparecieron nuevas formas de prevención. Hoy existen la PrEP y la PEP, las pruebas rápidas y los autotest, el condón y otras herramientas que permiten tomar decisiones sobre la salud sexual. También sabemos que una persona que vive con VIH, recibe tratamiento y mantiene una carga viral indetectable no transmite el virus por vía sexual.

“Durante mucho tiempo hemos priorizado los temas que comprometen la reproducción, pero hay un foco que también debe ser atendido: los Derechos Sexuales y la salud sexual”, dice Marta Royo, CEO de Profamilia Colombia.

Para ella, pensar en una visión positiva de la sexualidad puede ser un camino para llegar al punto que buscamos: prevenir, cuidar y reducir todo tipo de estigma.

“Tenemos más información, más herramientas y más posibilidades.”

Entonces aparece una pregunta: si durante tantos años aprendimos a hablar de sexualidad desde la alerta y el riesgo, ¿qué pasaría si ahora exploramos otro camino? ¿Qué pasaría si habláramos también desde aquello que lleva a las personas a encontrarse? Desde el deseo, la conexión y el placer.

Y quizá la respuesta está ahí mismo, frente a nosotros, en medio de la besatón.

Porque antes de cualquier charla sobre prevención existe una conversación mucho más sencilla: una mirada, una sonrisa, un mensaje, una invitación. Hay personas que se gustan, que sienten curiosidad, que quieren acercarse y que se encuentran.

“Nadie debería aprender sobre sexualidad desde el miedo”, es lo que concluye de la escena Valentina Ortiz, integrante de la RedJoven de Profamilia, quien señaló que AIDS 2026 le permitió encontrar nuevas alternativas para fortalecer la Educación Integral para la Sexualidad. “También podemos hablar desde el disfrute y desde el placer”, afirma. Recordando algo fundamental: todas las personas estamos expuestas a una Infección de Transmisión Sexual, incluido el VIH. Las mujeres también deben ser parte de esta respuesta.

Y es que la prevención no desaparece en esta conversación. Al contrario, encuentra una nueva ruta. Un condón puede ser una forma de disfrutar con tranquilidad. Una prueba puede ayudarnos a conocer nuestro estado de salud y tomar decisiones más conscientes. La PrEP puede ser una herramienta para vivir la sexualidad con mayor tranquilidad. Y el tratamiento hace posible que una persona con VIH que mantiene una carga viral indetectable no transmita el virus por vía sexual. Las herramientas están ahí. Lo que puede cambiar es la historia que contamos alrededor de ellas.

Por eso, María Antonieta Alcalde, directora general de IPPF, sostiene que las personas jóvenes tienen un papel fundamental en la tarea de repensar la respuesta al VIH a escala global y proponer este tipo de nuevas narrativas. Y quizá esa idea atraviesa también lo que sucede en Riocentro: una generación que no solo recibe información sobre sexualidad, sino que está proponiendo nuevas maneras de conversar sobre ella.

Por su parte, Markin Wolf, creador de contenido para adultos y una persona que vive con VIH, lo entiende también desde otro lugar. Para él, la besatón es una manifestación política: una forma de desafiar los estigmas que todavía afectan la vida de quienes viven con VIH y de mostrar que un diagnóstico temprano y un tratamiento oportuno permiten que una vida digna y cotidiana sea posible.

La escena entonces adquiere otra dimensión, ya no son solamente personas besándose. Son personas reclamando el derecho a vivir sus cuerpos sin que el miedo sea siempre el protagonista.

La tarde empieza a caer sobre Río de Janeiro. El calor sigue ahí, los celulares continúan grabando, la música suena y los besos poco a poco terminan. La besatón dura unos minutos, pero deja una pregunta sobre la mesa: si hoy tenemos más información y más herramientas para prevenir el VIH, ¿podemos también encontrar nuevas formas de hablar de sexualidad?

Se trata de ampliar la conversación. De seguir fortaleciendo la prevención y, al mismo tiempo, encontrar nuevos caminos para hablar de sexualidad desde el deseo, la conexión y el placer. De contarle a las personas que existen herramientas para cuidar su salud, pero también de recordarles para qué las necesitan: para vivir una sexualidad libre, informada, segura y que puedan disfrutar.

Quizá la próxima conversación sobre sexualidad pueda empezar con una pregunta sencilla: ¿quieres un beso?