En América Latina y el Caribe, las cifras de movilidad humana cuentan una historia de vulnerabilidad extrema: hoy, una de cada cuatro personas migrantes en tránsito es una niña, un niño o un adolescente (OIM, 2024). A esto se suma que el 50% de la población migrante en la región son mujeres (CEPAL, 2023), cada una con necesidades únicas y urgentes de salud sexual y reproductiva y prevención de Violencias Basadas en Género (VBG).
Recientemente, en un recorrido por Cúcuta, pudimos confirmar que estas estadísticas tienen rostros nuevos y dilemas que desafían los sistemas tradicionales. La migración ya no es la misma de antes; hoy asistimos a una realidad de “puertas giratorias” donde el retorno se convierte en un nuevo limbo. Familias migrantes quedan atrapadas en un laberinto administrativo: niños nacidos en el extranjero que no pueden ingresar formalmente a sus países de origen por falta de documentos, quedando expuestos a riesgos que no esperan.
Salud en movimiento: Un derecho que no se detiene en la frontera.
Mientras los debates gubernamentales se centran en el control de fronteras y la regularización, la realidad en el terreno es que los sistemas de salud suelen ser estáticos y fragmentados ante una población que es esencialmente dinámica. Esta desconexión deja a miles de personas desprotegidas en sus momentos más críticos. Para una mujer en la ruta —ya sea cruzando el Darién o en los pasos fronterizos de la región, el acceso a la Salud Sexual y Reproductiva (SSR) y la protección frente a la Violencia Basada en Género (VBG) no son lujos: son servicios vitales para salvar vidas.
El estancamiento en los puntos de tránsito, como ocurre en Cúcuta, solo exacerba la exposición a la explotación, el abuso o la trata de personas. Desde el programa Pasos Seguros, cambiamos la narrativa: no vemos a los migrantes solo como receptores de ayuda, sino como sujetos de derechos con la capacidad de decidir sobre su propia vida y salud. Una arquitectura de protección continental.
Entendiendo que la salud no puede interrumpirse en una línea imaginaria, nace el Consorcio Pasos Seguros, una iniciativa liderada en América Latina por Profamilia Colombia en alianza estratégica con la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF). Esta red regional une la experiencia de organizaciones locales que son pilares en sus propios sistemas de salud, garantizando una continuidad del cuidado a través de clínicas fijas, unidades móviles e innovaciones digitales: Chile (APROFA) y Perú (INPPARES): Atendiendo los retos de integración y salud en el sur del continente. Venezuela (AVESA), Ecuador (CEMOPLAF) y Colombia (Profamilia): Coordinando la respuesta en los nodos críticos de la región andina. Honduras (Llaves) y México (Médicos del Mundo): Garantizando espacios seguros en las complejas rutas hacia el norte.
Metas claras para una realidad urgente.
Nuestra apuesta no es solo discursiva; tiene una meta clara para transformar la realidad de miles de personas. A través de este esfuerzo conjunto, el Consorcio se ha trazado el objetivo de alcanzar a más de 17.000 personas migrantes en movilidad. Este impacto se traduce en acciones directas que salvan vidas: 10.270 personas accederán a servicios de salud sexual y reproductiva, y 7.660 personas recibirán atención especializada en violencias basadas en género.
“Entendemos que la movilidad humana no es solo un reto logístico, sino un desafío ético y de derechos. Con el Consorcio Pasos Seguros, no solo estamos entregando servicios; estamos construyendo una red de confianza que atraviesa siete países para asegurar que la salud sexual y reproductiva deje de ser una barrera y se convierta en una garantía de dignidad para quienes caminan por nuestro continente” — Carlos Gómez, Director de Proyectos Sociales y Humanitarios de Profamilia.
Lo que vimos en Cúcuta es el reflejo de un desafío regional que exige soluciones coordinadas y transfronterizas. El Consorcio Pasos Seguros es ese puente que une la acción comunitaria con estándares humanitarios globales para asegurar que, sin importar el destino, el derecho a la salud y a una vida libre de violencias viaje con cada persona migrante.